Consonancias y disonancias
En la Edad Media, a la cuarta aumentada la llamaban "el diablo en la música".
En la Edad Media y el Renacimiento, a la cuarta aumentada la llamaban "el diablo en la música": le tenían tanto respeto que la evitaban en las composiciones corales. Ese intervalo sigue sonando disonante para nuestro oído actual, pero otros que en el siglo XI se consideraban disonantes hoy nos resultan perfectamente consonantes. La idea de qué combinación de sonidos "molesta" al oído cambió mucho en mil años. Un intervalo es la distancia entre una nota y otra. Se llama consonante cuando esa combinación suena estable y agradable, y disonante cuando genera tensión, esa sensación de que el sonido "pide" resolverse hacia otro. Ninguna de las dos categorías es buena o mala en sí misma: son relativas a la época y a la cultura, y ambas conviven siempre en la música. Incluso las obras más consonantes están llenas de disonancias; son las que le dan color e interés armónico. El problema aparece cuando hay demasiadas sin resolución: ahí es cuando a la mayoría de los oídos les resulta desagradable. El ejercicio de la clase consiste en escuchar cuatro pares de intervalos, cada par tocado dos veces, y reconocer en cada uno cuál de los dos suena disonante: el primero o el segundo. Distinguir consonancias de disonancias de oído es el primer paso hacia algo muy concreto en el ensayo: darte cuenta, mientras cantás, de que estás sosteniendo una nota que no corresponde a la armonía del resto del coro. Cuanto más fino se vuelve ese reconocimiento, más fácil es detectar los desvíos mínimos de afinación —una nota que sale un poco alta, un
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