Escribir ritmos con puntos y rayas
Un dictado rítmico se resuelve igual que siempre: puntos para lo corto, rayas para lo largo.
Escribir ritmos con puntos y rayas es la forma más simple de anotar lo que escuchás: un punto representa un sonido corto y una raya representa uno largo. No hace falta leer partitura ni conocer figuras musicales (negras, corcheas) para usar este sistema, porque no mide duraciones exactas sino relaciones: esto dura menos que aquello, esto dura más. Es la puerta de entrada al dictado rítmico. El ejercicio consiste en escuchar cuatro ritmos breves, uno por uno. Antes de cada ritmo se cuentan dos tiempos de referencia (un, dos) para que el oído se ubique en el pulso, y después empieza el patrón que hay que transcribir con puntos y rayas. Como desafío extra, en cada ritmo se puede identificar si el pulso se subdivide en dos partes (subdivisión binaria) o en tres partes (subdivisión ternaria): notar esa diferencia es lo que después te permite distinguir, por ejemplo, un compás que "camina de a dos" de uno que "camina de a tres" dentro de una partitura de coro. Practicar esto entrena algo muy concreto: la capacidad de fijar en el papel, aunque sea con símbolos simples, lo que tu oído capta al vuelo. En el ensayo, esa misma habilidad es la que usás para marcar rápido en tu partitura un ritmo que la voz repite muchas veces, o para detectar si te estás corriendo del pulso que marca el director.
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