Pulso, acento y compases: todo junto
El pulso y el acento se entrenan mejor con el cuerpo que con el papel.
¿Cómo te das cuenta si una canción está en compás de dos o en compás de tres sin mirar una partitura? Con el cuerpo, no con el papel: sintiendo dónde cae el acento que se repite. El pulso es la pulsación regular y pareja que sostiene una pieza musical, como el tic-tac de un reloj. El acento es el énfasis que se pone sobre algunos de esos pulsos, y ese énfasis es el que define el compás: si el acento vuelve cada dos pulsos, es compás binario; si vuelve cada tres, es compás ternario. El ejercicio arranca marcando el pulso con una mano (o con el pie) y el acento con la otra, primero cada dos tiempos y después cada tres. Una vez que eso sale con soltura, se combinan cuatro compases de dos seguidos de cuatro compases de tres, y así se alterna varias veces. Conviene repetirlo por tu cuenta, sin seguir ningún audio: parado, caminando, marcando el acento con palmas y el pulso con los pies, para que la regularidad quede en el cuerpo y no dependa de contar mentalmente. Después viene el reconocimiento auditivo: cuatro canciones infantiles con instrumentación simple y clara —"Cuatro ratoncitos salen de la cueva", "Tengo un osito", "Salta, salta la perdiz" y "Madrugaba el conde Olinos"— para anotar en un papel si cada una está en compás de dos o de tres, y chequear después. Distinguir el compás a simple oído sirve para entrar bien en un ensayo o en una función: si sabés dónde cae el acento fuerte de la obra que estás cantando, entendés mejor las respiraciones, te ubicás dentro de la textura del coro y no dependés de mirar la batuta o la partitura para saber en qué parte del compás estás parado.
La clase
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